se abren las compuertas
desde mis ojos hasta mi boca
un hilo leve de horror.
Crujen líquidas mis emociones
ficha a ficha las voy derribando
con los dedos.
El vacío en mi espalda trepa en mi oído
y yo corro de mí
hasta que pienso que he muerto.
Me hiero, hiero, hiero
con los dedos.
Tengo arpones
espinas
y espadas.
No puedo dejar de romper
ni
sabe el viento
el resultado de tanta onmipresencia rota.
Experimento
mucho antes de situarme
en el vértice del agujero de la realidad
el terror de sentir mi relojería estallar.
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